La Policía confisca la flauta a un mendigo que se ganaba la vida tocando el Himno a La Alegría

Era una mañana de frío, viento y lluvia, e iba a tomar el primer café caliente del día. De repente, me encontré a Tico: tenía el rostro desencajado y estaba completamente hundido. Su cuerpo, que parecía más pequeño, chorreaba agua. Temblaba y estaba confuso, como si le hubieran quitado el suelo donde pisa. Me acerqué a él para cubrirle con mi paraguas y le pregunté ¿Qué te pasa?
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