Un policía con chaleco antibalas amenaza con quitarle el trabuco a un bandolero

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Y 64 años después de la apertura de Las Cuevas de Luis Candelas, con sus proverbiales bandoleros a lo Curro Jiménez a la puerta, 64 años en los que por sus mesas han pasado políticos y autoridades de todo pelaje -de Manuel Fraga al actual presidente del Consejo de Europa, Herman Van Rompuy-, hete aquí que llegó una pareja de la Policía Municipal y mandó a parar.

Lo explica Jose, el camarero que, disfrazado de bandolero, suele hacer guardia en la puerta misma del local, junto a la Plaza Mayor de Madrid, al lado del Arco de Cuchilleros. «Estaba dando una vuelta por la calle cuando de pronto aparece un coche de la Policía Municipal, se bajan dos agentes y me dicen: ‘Oiga, disculpe, ¿tiene usted licencia para ese trabuco?’. Entrégeme el trabuco». Y el bandolero se negó: «Le dije que no. Que no les daba el trabuco».

En pleno siglo XXI, en un inesperado bucle espacio-temporal, la Policía Municipal de Madrid estaba dándole el alto a, metafóricamente, un bandolero del siglo XVIII español (o más bien a un remedo de este peculiar personaje del folclore patrio).

Pero no quedó ahí la cosa: «Les dije que el trabuco tenían que venir a verlo aquí dentro, al restaurante. Así que les veo que aparcan un poco más abajo, y suben poniéndose los chalecos antibalas». Le pedimos, educadamente, que lo repita: ¿dos municipales poniéndose chaleco antibalas por el trabuco de un camarero disfrazado de bandolero en plena Plaza Mayor de Madrid? «Venían con los chalecos antibalas, es verídico, como te lo cuento».

Sigue el sainete: «Entran conmigo dentro, les dejo ver el trabuco, y me dicen que yo con esto no puedo estar con esto en la calle porque es un arma de fuego, que puedo cargarla en cualquier momento y disparar a alguien. Tal cual», cuenta riéndose.

Ya dentro de la particular situación, y de la alarma de los agentes por el dichoso arma, que por cierto lleva inscrito el año de su nacimiento en el lomo -¡«1837»!-, hay que imaginarse la cara de los policías al entrar en el local, cuyas paredes están repletas de pistolas del año catapún y navajas de cuando La Pepa, por lo menos. Estaban descubriendo todo un peligroso arsenal junto a la Plaza Mayor de Madrid.

Fuente y leer más: ElMundo

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