Reciben una cristalería de México que compraron hace 22 años

Reciben un paquete de México con la cristalería que compraron hace 22 años

Una familia recibe en 2013 la cristalería que compró hace 22 años

Un retraso de 22 horas en la entrega de un paquete resulta inquietante, aunque se puede soportar. Si la demora se alarga, por ejemplo, hasta los 22 días, cualquier cliente medio se enfadará. Y con motivo. En caso de que la tardanza sea mayor y aumente –supongamos– hasta los 22 meses, la indignación, todavía más justificada, será mayúscula. Pero cuando la dilación es de 22 años, la reacción es de máximo asombro. De estupor e incredulidad.
 
Pues bien, esta misma sorpresa la ha vivido hace tres semanas una familia de Las Palmas de Gran Canaria que ha recibido la cristalería que compró en México en el lejano septiembre de 1991. Tras algún que otro intento infructuoso de reactivar el envío, ya habían asumido que nunca volverían a ver el producto por el que pagaron en América. Sin embargo, contra todo pronóstico, la cristalería ya está en su poder e incluso han tenido oportunidad de estrenarla.
 
Su propietaria, Mari Carmen, señala que este extenso y «alucinante» episodio se inició en Tel Aviv (Israel). Fue allí donde ella y su marido, Pepe, conocieron a un matrimonio de Guadalajara, la capital del estado de Jalisco, con el que entablaron amistad. Cuando, tiempo después, la pareja canaria voló a México D. F. por motivos de trabajo, aceptó la propuesta de sus amigos y se desplazó a su casa. 
 
Los cuatro pasaron unos días juntos y durante una visita al municipio cercano de Tlaquelpaque, popular por su artesanía, a Pepe y Mari Carmen les gustó una cristalería. «Ahora se ha quedado obsoleta, no obstante, entonces nos pareció moderna», aclara la mujer. Así que abonaron el dinero que valía –en España, a las pesetas les quedaban casi nueve años de vida– y el porte.

Transcurridos unos meses y preocupados porque no sabían nada del artículo que les debían, que, según apunta Pepe, no habían podido cargar en el avión «porque pesaba más de 50 kilos», trataron sin éxito de que alguien les diera una explicación. «Le escribía a mi amigo –Carlos– por Navidades, pero se lo había tragado la tierra», añade el hombre.

En ese instante se abrió un paréntesis en el que solo hubo una novedad. Mari Carmen la recuerda: «Hace unos diez años nos telefonearon desde Madrid unos conocidos de Carlos para decirnos que sí que nos mandarían la vajilla». Por lo visto, se acercaba el desenlace de su historia. Sin embargo, la resolución del misterio se hizo esperar aun más.

Fuente y leer: LaVanguardia

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