Los empresarios que regalaron al Rey el ‘Fortuna’ quieren que se les devuelva

el yate atracado

Los empresarios hoteleros y financieros que donaron el barco Fortuna al Rey, con una aportación de 600.000 euros cada uno, han acordado por unanimidad reclamar al Gobierno que les retorne su propiedad, puesto que la embarcación fue donada para un solo fin. Así lo ha comunicado este mediodía, Carmen Matutes, presidente de la Fundación Turismo y Cultura de las islas Baleares, tras le reunión de la junta de patronos.

El rey Juan Carlos recibió en 2000 un regalo privado excepcional, el superyate Fortuna, a cuyo uso ahora ha renunciado por razones de imagen y austeridad en tiempos de crisis y penurias sociales. El futuro del barco es incierto, al pasar a manos del Gobierno, que le ha de buscar su “uso más rentable y más eficiente”, según la vicepresidenta, Soraya Saénz de Santamaría.

La treintena de empresarios baleares que patrocinaron el barco del Rey aportaron a escote 600.000 euros, hasta 21 millones. Ahora piden que se les devuelva. En una reunión que han mantenido este lunes han decidido por unanimidad que se les restituya el regalo, que fue otorgado al Monarca y a Baleares. Sin este uso, han defendido, debe volver a ellos. 

“Aquella fue una donación modelo”, defiende uno de los muñidores de la operación. “El bien se creó y donó a Patrimonio Nacional para un destinatario y usuario exclusivo: el Rey”, detalla otro de los financieros que ejerció de enlace con la Casa del Rey durante el proceso y después. Los donantes deseaban expresar una voz común en la hora en la que el patrón al que obsequiaron dice adiós al que ha sido su yate.

Aquel rutilante barco de aluminio de 41,5 metros de eslora, uno de los más veloces del mundo -podía volar con sus turbinas Rolls Royce a 125 kilómetros por hora-, era del Rey, pero también lo sentían suyo los protectores. “Es un poco nuestro y de aquí, de las islas. Existe por nuestra voluntad”, detalló uno de los mecenas privados que, junto con el Gobierno de Baleares, que donó 2,6 millones, constituyeron ex profeso la Fundación Turística y Cultural (Fundatur) para cumplimentar al Monarca.

Con el barco se quiso expresar a don Juan Carlos su agradecimiento por su vínculo con Baleares y la contribución de la Familia Real al prestigio internacional de las islas como foco del veraneo y deporte náutico del Mediterráneo. Por las donaciones, las empresas y financieros recibieron las exenciones fiscales que establecía la ley. “Era lógico pero el trámite costó”, explicó el asesor que negoció el mecanismo con Hacienda.

La operación –la cadena de contactos de donantes- la movieron especialmente hoteleros del entorno de confianza del Monarca, como Gabriel Escarrer, de Melià hotels; Gabriel Barceló, de Barceló hoteles; el editor Pedro Serra de Última Hora y José Francisco de Conrado, un hombre de La Caixa y MicroBank antes ligado a Patrimonio Nacional. Apenas se dieron negativas y abstenciones.

“El Rey está muy contento”, comentó Gabriel Barceló cuando culminaba la construcción –bajo secreto- del superyate en la Empresa Nacional Bazán [hoy Izar] de Cádiz. Era la época en que el Monarca, en una recepción en el palacio de La Almudaina de Palma, lamentó que el anterior Fortuna, de 1979, “ya es un cuatro latas, el pobre”, con tantas averías. Era un presente del rey Fahd de Arabia Saudí por “los entrañables lazos de amistad familiar”. Aquel obsequio no se vendió, se desguazó. Aunque existió una fugaz tentativa de traspaso público en un catálogo de un bróker náutico: “¡Impresionante!”, era la descripción. La enajenación de “bienes de Patrimonio Nacional puestos a disposición del Rey” se frustró. Fallos del complejo sistema eléctrico frustraron una travesía de don Juan Carlos y el príncipe Carlos de Inglaterra, en 1988, que quedaron a la deriva. La nave de la Corona tuvo que ser remolcada por dos pequeños pesqueros hasta el puerto de Sóller, mientras iban a Menorca. Imagen casi cómica.

El Gobierno de Baleares ve la decisión del Rey “positiva y respetuosa”. Los socialistas y los nacionalistas insulares, en el caso de venta de la nave, exigen o “el retorno” de la partida gubernamental o su destino a fines ambientales. No existe un posible precio de mercado. El valor inicial ha bajado quizá a la mitad, tras 14 años de uso.

Fuente y leer más: El País

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